Buscar sitio para comer en una ciudad que no conozco es quizá una de las cosas que menos me gusta de los viajes, y no hablo de tomar algo para ir tirando sino de sentarme a la mesa y que me sirvan algo, porque al menos una comida en condiciones se ha de hacer una vez al día.

Encontrar un lugar que sea bueno, bonito y barato y en el que no te traten como a un turista, es decir que te den cualquier bazofia pensando que como eres de fuera no distingues entre un plato típico y un plato típico en condiciones y que encima te claven, pues me vais a perdonar pero que levante la mano el que no se haya sentido estafado alguna vez.

Por eso suelo anotar todas las recomendaciones en clave gastronómica que puedan hacerme conocidos que ya conocen el lugar que yo visito, y así llegamos a La Prosciutteria, en el barrio de Navigli en Milán. Hay otra en el barrio de Brera, parece ser que es una cadena, pero por entonces no lo sabíamos y además nos sirvió de excusa para acercarnos a esta zona de canales que hay al sur de la ciudad.

La verdad es que el lugar es muy curioso. No es demasiado grande y además está abarrotado y no solo de gente. Las mesas están amontonadas, son de diferentes tamaños, puede que te toque compartir mesa y la decoración es muy pintoresca, lo mismo tienes un retrato del papa, que un crucifijo que un jamón colgando del techo. Todo el mobiliario parece reciclado y las mesas y las sillas son cada una de su padre y de su madre. La ambientación musical es lo más y la clientela de lo más variopinta, foráneos y autóctonos se mezclan casi a partes iguales. También hay una terraza exterior.

Al entrar una de las chicas que atiende te ubica y a partir de ahí casi todo el trabajo es tuyo. Funciona tipo McDonald, pero no os asusteis, no se come nada parecido. Te has de poner a la cola hasta que te atienden, hay una sola persona para cogerte el pedido y cobrarte y una sola caja. Te llevas la bebida a la mesa y esperas a que te llamen por tu nombre y te acerquen la comida.

¿Y que se come? Pues el lugar es como una charcutería, tienen toda clase de embutidos y cremas de untar sobretodo de quesos y también ensaladas. Te lo ponen todo super bonito en una tabla que es más o menos grande dependiendo de la cantidad de personas que vayan a comer y en la tabla encuentras una selección de embutidos, unas cuantas rebanadas de pan untadas con diferentes cremas y una pequeña ensalada que puede llevar lechuga, olivas, alcachofas e incluso algo de fruta. No estoy segura que los vegetarianos encuentren muchas opciones a elegir, y los musulmanes ni os acerqueis aquí hay cerdo por doquier.

Cuando terminas como ya has pagado en caja pues ya te puedes marchar.

Así que acertamos total. El sitio era bueno, bonito e incluso barato, solo gastamos 21 euros, la verdad es que yo aquella noche no me encontraba muy bien pero si me hubiera encontrado mejor y hubiéramos pedido una tabla más grande puede que hubiéramos gastado 6 ó 7 euros más así que por 30 euros dos personas pueden cenar.

Si tuviera que ponerle un pero al local es el constante trasiego y que está todo tan amontonado que resulta algo incómodo mientras estás esperando para poder pedir porque constantemente los y las camareras anda de arriba para abajo llevando las bandejas. Por lo demás un lugar muy aconsejable.

Y sino puedes comprobarlo tu mismo en Tripadvisor.

También puedes visitar su web y su Facebook.

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