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RECUERDOS DE MI VIAJE A TÚNEZ

He pensado mucho cómo podría darle espacio en este blog a todos aquellos viajes que realicé cuando aún ni existía Internet. Atesoro en mis recuerdos no pocas salidas a lugares impresionantes y me daba un poco de pena no poder mostrarlos en este escaparate. Si quería recuperar aquellos vivencias y hacerlo de forma honesta lo tenía que hacer con un enfoque diferente. No podía redactar crónicas exhaustivas sobre aquellos viajes, ni ofrecer consejos prácticos actualizados así que pensé que lo mejor era hacer memoria (con ayuda de un diario de viaje que llevé durante años) y exponer las sensaciones y recuerdos que, después del paso de los años, aún persisten. En este primer artículos sobre viajes pre-blog (y pre-fotos digitales) os voy ha deleitar con los recuerdos de mi viaje a Túnez y, si resulta, no descarto rescatar algún viaje más.

Vamos allá.

Corría el año 2004 y yo ya había entrado en la treintena. Túnez era por entonces un destino muy promocionado. País mediterraneo, exotismo árabe, desierto, playas paradisiacas, arquitectura, otra cultura y a un precio más que asequible. Lo reúnia todo para aquellos viajeros no muy experimentados que buscaban algo diferente a las ciudades europeas. Todo eso se fue al garete después de los atentados del 2015 y la primavera árabe. Pero a principios de la década Túnez lo petaba.

La inexperiencia y, un poquito, el respeto a un país, en principio diferente, nos empujó a contratar un paquete vacacional que combinó un circuito con una estancia en un hotel de playa de esos de media pensión. No íbamos muy convencidos porque era el primer viaje así organizado al que nos apuntábamos pero la verdad es que el balance resultó ser muy positivo.

Creo recordar que pasamos la primera noche de Sousse y arrancamos el circuito temprano el segundo día de estar en Túnez. Éramos un grupo pequeño de 9 personas, el guía y el chófer. Era finales de junio y aún no estábamos en temporada muy alta. Que el grupo fuera tan reducido y fácil de gestionar contribuyó a que los recuerdos de mi viaje a Túnez hayan sido muy positivos.

El primer día nos encontramos a las 7.30 de la mañana y arrancamos dirección al anfiteatro romano de El Jem, también llamado coliseo de Thysdrus, el mayor anfiteatro de África y el cuarto del mundo, recuerdo que allí el guía gestionó las entradas y nos dijo que no hicieramos ni caso a todos los servicios que nos ofrecían las personas que se encontraban a la puerta del monumento. La verdad es que sin duda la visita a El Jem es imprescindible no solo para los amantes de la arqueología y la historia si no porque son los restos romanos más visitados del país.

La siguiente parada de nuestro circuito fué Matmata, población conocida mundialmente por haber acogido la grabación de algunas partes de Star Wars. Como en muchas otras poblaciones donde las temperaturas determinan la forma de vida, en esta localidad la población ha hecho sus viviendas en cuevas pero con la diferencia de que en lugar de escavar la roca de las montañas, lo que han hecho son agujeros en el suelo. En Matmata visitamos una de esas casas trogloditas y pudimos ver como sus habitantes realizaban algunos de sus quehaceres diarios, recuerdo perfectamente como una mujer cocinaba lo que consideraban su pan, y comimos en una de ellas que era además hotel y restaurante.

Después de Matmata la siguiente parada fue Douz, la puerta del desierto, donde hicimos una de esas turistadas que iban incluidas en el circuito y que a día de hoy no haría: montamos en camello. Lo más curioso de aquella experiencia fue ver como cuando hicimos la pausa del paseo empezaron a salir chicos en moto con cubos llenos de cocacola y es que uno de los recuerdos de mi viaje a Túnez fué que no perdían la ocasión para vendernos los que fuera, hacía tanta calor que la cocacola entró de maravilla. Aquella noche pernoctamos en Douz, el hotel casi vacío, el bañito en la piscina antes de la cena fue reparador.

El segundo día de circuito nos iba a llevar hasta Nefta donde llegaríamos a la hora de comer, durante el trayecto paramos en el lago salado de Chott el-Jeridd y los oasis de montaña de Chebika y Tamerza. La verdad es que aquellas tres paradas fueon muy chulas, el lago salado en medio de la nada era un paisaje muy curioso con una lagunas saladas de tonos rosas y los conveniente elementos de atrezzo para darles color.

Los oasis de montaña de Chebika y Tamerka eran justo eso, unos pedacitos de frondosa vegetación con su correcpondiente riachuelo y cascada, la mar de idílico y un soplo de aire fresco a las altas temperaturas que habíamos ido soportando. Y en cada uno de los lugares que visitábamos su correspondiente mercadillo con objetos típicos como rosas del desierto y pequeñas geodas (creo que se llama así) y un poco el acoso al turista sin duda el peor de los recuerdos de mi viaje a Túnez,  porque ni me gusta comprar ni suelo traer demasiados recuerdos materiales de los viajes.

Alojarnos en el hotel de Nefta, el Sahara Palace, ni idea si aún existe con este nombre, no lo he podido asegurar después de la correspondiente consulta en Google, fue toda una experiencia. El hotel estaba completamente vacío, solo nuestro grupo alojado, fue el más raro de los recuerdos de mi viaje a Túnez, que casi hubiera más empleados que huéspedes. En Nefta hicimos otra turistada y hubieran sido dos de habernos apuntado a la cena con espectáculo.

Tuvimos un rato libre por la mañana y cuando más apretaba el calor hicimos una rutilla en calesa por el oasis de Nefta. Ni os imaginais la verguenza que pasé paseando por las casi desiertas calle de la ciudad, mientras nos observaban los pocos habitantes que había y que se protegian del sol en las pocas sombras que había. Dentro del oasis nos dieron a fumar un tabaco sin nicotina, bebimos zumo de palmera y comimos dátiles, yo ni fumo ni soy muy amante de lo dulce pero nos echamos no pocas risas. La persona que nos hizo la visita fue muy amable y se desvivía por darnos todo lujo de detalles de como era la vida en Nefta. La visita a Nefta se completó con un paseo por su medina y una parada en uno de sus locales para tomar un refresco, imaginaros, los únicos turistas, eramos el foco de atención, en todos los sentidos, la verdad es que de todos los recuerdos de mi viaje a Túnez este fue el momento de más verguenza. A pesar de ello la jornada en Nefta fue superchula.

Al día siguiente salimos para nuestra siguiente parada. En Tozeur visitamos el museo Dar Cherait de artes tradicionales. Y después nos dirigimos a Gafsa, capital de la provincia para ver el auténtico ajetreo de una  ciudad tunecina. La última parada antes de que finalizase el circuito fue Kariouan.

Kariouan esta declarado Patrimonio Mundial por la Unesco desde 1988, por su rico patrimonio cultural y es la primera ciudad santa del Magreb. Su gran mezquita es una de las más importantes del país y está considerada el santuario más antiguo del occidente musulman. Paseamos por su medina, visitamos sus zocos, visitamos una cooperativa de alfombras, nos agobiamos con los comerciantes, no pudimos entrar a la mezquita. Como colofón a nuestro circuito no estuvó nada mal.

La jornada va llegando a su fin cuando llegamos a nuestro hotel de Hammameth playa donde pasaremos las siguientes cuatro noches.

Un circuito de 2 días parecido al que hicimos nosotros lo podéis contratar aquí.

Durante nuestro primer día de esta segunda parte del viaje dedicamos la mañana al relax en la piscina del hotel, el típico hotel de media pensión donde hay mucha gente que se pasa el día tumbado al sol. A la hora de comer dicidimos acercarnos al pueblo a buscar algún sitio donde comer, cogemos un autobús local y en pocos minutos estamos en el Hammameth pueblo, después de tomarnos una crep, el que se convirtió en el más consistente de mis recuerdos de un viaje a Túnez, decidimos adentrarnos por la medina para descubrir la ciudad. Que bonita es, callejores, puertas, cúpulas, blancos y azules, el mar desde las alturas, las murallas… (foto destacada) sabor puro mediterraneo, el único inconveniente siguió siendo el atosigamiento de los comerciantes.

Para el siguiente día contratamos una de las excursiones más típicas Museo del Bardo-Cartago-Sidi Bou Said. El autobús va completo y las visitas a los lugares son algo express, sin duda lo que más me gustó fue Sidi Bou Saïd, el pueblo es precioso, las vistas sobre el litoral también muy chulas y mucho ambiente. La antaño gran Cartago, hoy guarda los restos de lo que fue pero hay que echarle más imaginación que a otros lugares ya que lo que queda no permiten hacer grandes reconstrucciones. Los mosaicos del Museo del Bardo son más que interesantes.

Esta excursión sigue siendo una de las clásicas, aún hoy, tantos años después, podéis contratarla para hacer un tour privado o en grupos más grandes.

En nuestro penúltimo día de viaje nos acercamos al mercado semanal de Nabeul, una de las visitas recomendadas y cercanas a Hammameth. El mercado esta demasiado enfocado a los turistas, lo que le resta autenticidad. Queríamos comprar algún detalle pero el tema del regateo nos cansa así que al final compramos un par de bandejas de cerámica en una tienda de precio fijo, una de ellas llegó hecho mil pedazos a casa. Las últimas horas en Túnez las pasamos fotografiando el atardecer.

Guardo con mucho cariño los recuerdos de mi viaje a Túnez, no solo por lo que pudimos descubrir sino también porque coincidimos con un grupito muy majo. Fue nuestro primer viaje a una cultura diferente a la nuestra y es un lugar muy recomendable para aquellos que quieren probar a salir de su espacio de confort. Paisajes, gentes, comida… todo tan cerca y a la vez tan lejos.

¿Alguien por aquí que haya viajado hace poco a Túnez? ¿Siguen siendo estos lugares los que no pueden faltar en una lista de imprescindibles tunecinos?

He buscado algunos artículos y en la mayoría marcan como imprescindibles muchos de lo lugares que nosotros visitamos:

Que ver y que hacer en Túnez: 9 imprescindibles publicado en el blog de Iati Seguros.

Los 7 lugares que hay que visitar en Túnez publicado en Viajes National Geographic

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