En nuestra última estancia en Francia convertimos Lanne-en-Barétous en nuestra base.

Nos alojamos en una casa rural a las afueras del pueblo y desde allí hicimos algunas incursiones en el valle y sus alrededores.

Lanne-en-Barétous es uno de estos pueblos típicos de Francia, atravesados por una carretera, y que crecen a lado y lado de ésta, a pesar de ello, el acierto de conservar una uniformidad en la arquitectura hace que estos pueblos tengan un encanto especial.

La localidad se encuentra muy cercana a las estaciones de esquí de Issarbe y La Pierre Saint-Martin lo que añade atractivo para los amantes de los deportes de invierno.

Paseando por el pueblo vais a encontrar algunos puntos interesantes como ejemplos de la casa bearnesa que pervive en el tiempo como nexo de unión familiar. Hasta el siglo XVII se construía de madera y tierra y a partir de entonces de piedra y guijarros. El tejado de fuerte pendiente estaba pensado para evacuar con rapidez la lluvia y la nieve. Desde la edad media en las casas se encontraba también la “parguie” lugar donde vivían los animales. Muchas de estas casas tenían también su propio pozo.

Ejemplo de la casa bearnesa

En Lanne vais a encontrar también un pequeño hotelito rural que en tiempo fue propiedad de Isaac de Porthau, mosquetero del rey, y que inspiró a Dumas para la creación de Portos. De hecho todo el valle recuerda a Los tres mosqueteros ya que los personajes reales que los inspiraron son todos oriundos de la zona. El castillo de Porthos es una casa solariega de estilo señorial construida en XVII, sufrió daños durante el terremoto de 1967 y tuvo que ser restaurado.

Le chateau de Porthos

La iglesia (foto destacada) aunque parece bastante nueva fue construida en el siglo XVII, junto al cementerio adyacente, es una bella estampa. Hoy día no queda gran cosa de lo que fueron los edificios contiguos.

En agosto de 1967 Lanne-en-Baretóus sufrió un terremoto que afectó en desigual manera a la población. Una de las zonas más afectadas fue la calle Matachot donde solo 3 casas se mantuvieron en pie, 7 tuvieron que reconstruirse en su totalidad.

Pasear por el entorno de Lanne es agradable, es un paisaje bello y tranquilo. Las pequeñas carreteras locales que comunican las casas que no se encuentran en el núcleo urbano permiten pasear entre prados verdes donde pastan multitud de vacas que dan la leche para elaborar el queso típico de la zona. Una opción de paseo puede ser coger el camino que baja a la derecha de la iglesia y acercarse en 2 km hasta la entrada del camping de Aramits, la población vecina, desde allí y para no volver por el mismo camino, una vez dejado atrás el camping y atravesado el puente, en lugar de girar a la izquierda y volver por nuestros propios pasos, podemos continuar recto y volver rodeando el pequeño montículo que tenemos delante, con suerte podremos ver el aterrizaje o despegue de alguna avioneta en el pequeño aeródromo que hay en la zona.

Aunque Lanne es pequeño podréis encontrar los servicios básicos como panadería, un par de restaurantes, una quesería e incluso una piscina. Para todo lo demás la cercana población de Aramits.

En el blog Los viajes de David y Neus también han escrito sobre este pueblo.

Realizamos la visita en agosto de 2018.

Si os ha gustado esta entrada no olvidéis darle al like y si os inspira en alguna de vuestras salidas volved por aquí y compartid con nosotros vuestra experiencia.