Quizá comparar la localidad alicantina con la famosa isla griega sea exagerar un poco las cosas, y el parecido se limite a un par de cúpulas azules, pero ya sabéis que las revistas de tendencias y estilo suelen darle glamour a sus titulares. La verdad es que yo no puedo comparar ya que no conozco Grecia ni las islas del Egeo pero si puedo asegurar que la localidad situada en la Costa Blanca goza de un especial encanto y su fama es bien merecida.

Fuente: Guía Repsol

Altea, como algunas otras poblaciones del litoral mediterráneo español, como por ejemplo Mojácar, se dispone de cara al mar situando la mayoría de su oferta hotelera en el litoral y encaramando su casco antiguo en un promontorio a modo de atalaya. Para llegar a la plaza de la iglesia, el punto más elevado y donde se sitúa la Parroquia de nuestra señora del Consuelo, con sus dos características cúpulas azules, se ha de estar dispuesto a discurrir por sus empinadas callejuelas, algunas de ellas incluso necesitadas de escalones.

Puede que la entrada más clásica al casco antiguo de Altea sea el Portal Vell que da acceso a la Calle Mayor y que culmina en la Plaza de la Iglesia. Esta zona es quizá la más transitada y donde se sitúa el grueso de comercios y restaurantes y que se extiende de la plaza de la iglesia por la calle de San Miguel. Pero hay que atreverse a desviarse por las calles aledañas.

Nosotros llegamos a Altea desde Calpe que, se encuentra a poco más de 11 kilómetros, y siguiendo las señales de parking estacionamos el vehículo en un descampado situado en la calle camí de l’Alger y desde allí solo tuvimos  se continuar la calle hasta llegar a una de las vías que asciende hasta la parte alta del pueblo. La verdad es que al entrar por una de estas calles secundarias no nos encontramos con la aglomeración hasta que llegamos arriba y fuimos descubriendo poco a poco diferentes y bellos rincones de este pueblo blanco.

Arriba nos recibe una plaza, no excesivamente grande, pero en exceso ocupara por las terrazas de los restaurantes y un pequeños mercadillo de artesanía, que supongo es estacional. Desde aquí se puede recorrer la Calle de San Miguel donde se sitúan locales de ocio y souvenirs.

Pero lo mejor es atreverse a desviarse a derecha o izquierda para encontrar un trazado encantador y exento de artificios. Más vacío y más auténtico donde los vecinos se reúnen a la puerta de sus casas para charlar y ver las horas pasar. Igualmente bellas, las zonas que se alejan del bullicio, ofrecen otra imagen del lugar una que permite poder vivir en una localidad que entra dentro del circuito turístico pero que mantiene rincones aún no invadidos.

No os perdáis tampoco las vistas que ofrecen algunos de sus miradores, especialmente el de la plaza de la iglesia.

Otra panorámica que también pudimos disfrutar fue la de los tejados de Altea. No pocos locales gastronómicos habilitan sus terrazas para servir cenas y comidas, y merece la pena tenerlo en cuenta a la hora de reservar mesa, pero atención a la época del año pues no se si sería muy aconsejable cuando el sol aprieta.

DONDE COMER:

Para comer probamos el restaurante Stromboli, situado en una de las calles más transitadas de la localidad. El restaurante dispone de varias plantas y una terraza superior, donde nos ubicaron y desde donde teníamos unas vistas interesantes de los tejados de Altea.

Lo elegimos también porque era una carta sencilla donde había opciones para las niñas y porque nos pareció un local donde los peques son bienvenidos. Reservamos previamente.

Tomamos algunos entrantes y unas pizzas, la comida estaba buena y la relación calidad precio muy correcta. La atención fue muy correcta y rápida.

Así que esta fue mi experiencia en Altea. Una localidad de bella estampa y que se aleja de la imagen de grandes rascacielos que predomina por el litoral levantino.

¿Y vosotros conocéis la zona o Altea? ¿Qué es lo que más os ha gustado?

Recordad que los comentarios enriquecen este blog.