A Galicia viajamos en años alternos, es decir, año sí año no, y poco a poco la vamos descubriendo. En nuestras estancias estivales nos reservamos un día para hacer una jornada de turismo intenso aprovechando que tenemos a los abuelos dispuestos a quedarse con las niñas durante el día. Sí, sí, me diréis que podríamos ir con ellas a hacer turismo, y es bien cierto, pero la verdad es que ese día que nos reservamos para nosotros suele cundir muchísimo.

En una de esas jornadas recorrimos parte de las Rías Altas, de Malpica a Ponteceso. Generalmente son las Rías Baixas las que atraen al grueso del turismo, pero ya sabemos aquello de que unos crían fama y otros cardan la lana, pues eso, que las Rías Altas esconden un buen puñado de rincones interesantes.

Galicia siempre me ha parecido un lugar de paisajes espectaculares y en este recorrido os voy a mostrar algunos que merece la pena no perderse.

Empezamos nuestro recorrido en Malpica, por donde damos una pequeña vuelta y nos acercamos a su paseo marítimo que ofrece su vista más característica. Malpica no es especialmente bonito, Galicia no ha sabido mantener la personalidad de su arquitectura y salvo en contadas ocasiones los núcleos históricos de las poblaciones son bastante prescindibles. Desde Malpica salimos dirección a la ermita de San Adrián desde donde obtenemos una fantásticas vistas, tanto de Malpica como de las islas Sisargas, que son unas pequeñas islas deshabitadas a pocas millas de Malpica. No hay ninguna empresa que haga excursiones hasta ellas así que la única posibilidad de acercarse es que alguien os lleve.

Las islas Sisargas desde la ermita de San Adrián.

Nuestra segunda parada es la playa de Barizo, una de las 8 parroquias que forman el conjunto municipal de Malpica de Bergantiños. Es una playa pequeña pero muy bella, de arena muy clara que da un toque turquesa a sus aguas, rodeada de arbustos y algunos pinos el contraste de los colores es muy intenso en los días que luce el sol. Como podéis ver en la foto, y a pesar del calor, la playa estaba desierta, algo bastante común en las playas que no forman parte del circuito turístico más clásico. El baño apetecía pero no nos lo dimos ya que era el principio de nuestra jornada turística y aún nos quedaba mucho por hacer y porque el agua en Galicia corta como un cuchillo, que no te engañen esos anuncios de promoción turística, si el agua del atlántico fuese tan apetecible como la del Mediterráneo Galicia no se hubiera mantenido tan bella y salvaje.

Playa de Barizo

Después de deleitarnos con el espectaculo que nos ofrece este lugar damos la vuelta para dirigirnos a la siguiente parada: el faro de Punta Nariga, otro lugar de gran belleza. Este faro es el más moderno de toda Galicia diseñado por César Portela se construyó en 1995 y simula la proa de un barco en cuyo extremo se alza una escultura de bronce de Manolo Coia. Se puede subir a la base del faro. El entorno es muy abrupto y escarpado con grandes rocas con formas estrambóticas. El lugar es tremendamente fotogénico.

Dejamos atrás el faro de Punta Nariga y pasamos por Corme para dirigirnos a la siguiente parada: el faro de Roncudo, y es que, como ya os dije en un post anterior, la situación de los faros suele ser privilegiada y ofrece vistas increíbles. El faro de Roncudo, nombre que se le atribuye en relación al ruido ronco que hacen las olas al romper, data de principios del siglo pasado y no mide más de 11 metros. De esta zona rocosa y escarpada se extrae uno de los percebes más famosos de Galicia, la fiesta del percebe se celebra en Corme en julio, las vistas sobre la ría de Corme y Laxe son imperdibles. Unas cruces son el testimonio de la bravura del mar en esta zona y recuerdan los numerosos naufragios que aquí han tenido lugar.

Llega la hora de comer y nos dirigimos a Ponteceso (imagen destacada). Después de reponer fuerzas nos relajamos dando un paseo por la ribera del río Anllóns, el día está soleado y despejado lo que aviva los colores de un paisaje de contrastes. La mañana ha sido intensa y la calor aprieta así que sacrificamos parte del paseo por Ponteceso para darnos un baño en la cercana playa de Balarés.

De camino a la playa no podemos dejar de pararnos en el mirador de Monte Branco donde flipamos con las vistas que se ofrecen de la desembocadura del río Anllóns. Es una parada imprescindible la vista alcanza todo el estuario y su llegada a la playa, es un paisaje espectacular. Llegamos a la playa de Balarés una de las más bellas de la zona y muy frecuentada. Hay un pinar con mesas de piedra para hacer picnic. En un extremo de la playa aún se conserva un embarcadero que se utilizaba para exportar el producto que se extraía de una cercana mina de titanio, parece que este material que de aquí se extraía se utilizó en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.

El agua como en casi toda Galicia tiende a estar fría pero en días calurosos uno hace de tripas corazón. El baño nos sabe a gloria.

Las impresionantes vistas desde el mirador de Monte Branco.

Después del merecido baño y posterior descanso damos por concluida nuestra ruta.

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Si estáis por la zona o si queréis disfrutar más plenamente del paisaje gallego podéis daros una vuelta por alguna de estas dos web:

O camiño dos faros y Os camiños do mar