Descubro en el Instagram de Mario Casas que han subido a Netflix Bajo la piel del lobo y voy rauda y veloz a visionarla, porque con Mario Casas me puede mi instinto animal-sexual. Y es que a mi este chico me seduce de todas las maneras y lo encuentro guapo no, lo siguiente, así que lo más normal es que con él pierda la objetividad cuando no el oremus.

A Mario Casas le he notado, desde que rodó A tres metros sobre el cielo, un empeño por evolucionar en su carrera hacia papeles que le alejen del malote que interpretó en aquella película. Y, si hacemos repaso de su carrera posterior, la variedad de personajes que ha llevado a escena, así lo evidencian. En Bajo la piel del lobo lo lleva al extremo al interpretar a un personaje al margen de la sociedad.

La película se centra en Martinón, un trampero solitario, último habitante de un pueblo perdido en las montañas de una zona indeterminada del norte, en una época también indeterminada que bien podría ir entre la pre y la post guerra civil, o quizá no, eso es lo que me ha parecido a mi. El personaje está asalvajado total, tanto que hasta casi la mitad de la película dudé incluso de que supiera hablar. Se dedica a cazar animales y cuando llega la primavera baja al pueblo más cercano, que parece estar muy lejos, a juzgar por lo que le cuesta llegar, donde vende las pieles y se aprovisiona para los meses siguientes, además de aliviarse sexualmente.

Sabemos que el tipo se adecenta porque lo vemos lavarse los dientes y la sobaquera, eso sí, sin quitarse la ropa, que digo yo que estando solo en el monte bien podría darse un baño en pelotillas pero esta vez Mariete no nos enseña el pechamen, avisados y avisadas estáis. Pero los modales dejan mucho que desear, verlo comer haría vomitar a más de uno, a mi no, y ya no te digo follar, ni un tocamiento, mete saca a lo bestia y así, querido, no hay manera de despertar ningún sentimiento.

El caso es que el tal Martinón consigue esposa y no una, sino dos veces, pero a pesar de disponer de dos oportunidades el cabestro es incapaz de pulir, aunque sea un poquito, esas maneras y cuando se da cuenta de lo acorraladas que están sus parejas ya es tarde.

No tengo muy claro que es lo que quiere transmitir la cinta, me da la sensación que se queda a medio camino en los temas que trata. La soledad, la violencia pasiva, la mujer como moneda de cambio y la incomunicación puede que sean los temas más evidentes en una película donde sobre todo resalta la escenografía y la ambientación ganando incluso terreno a una historia en la que las palabras, literalmente, están ausentes. Los personajes me resultan alto toscos y torpes en algunos aspectos, los masculinos son primitivos y los femeninos se encuentran atrapados por las circunstancias que les empujan hacia acciones desesperadas. Las interpretaciones me parecen bastante correctas, Mario Casas consigue transmitir esa rudeza a través de sus gestos y sus gruñidos, cuesta ver la expresividad en algunos de los momentos debajo de tanto pelo facial pero aún así vislumbramos algún atisbo de humanidad. Ruth Díaz e Irene Escolar interpretan a las féminas de la película ambas intentan aliviar la soledad de Martinón, la primera más voluntaria, la segunda más obligada pero ninguna de las dos consigue el propósito de ablandar a la bestia. Cada una a su manera consiguen salir del atolladero.

Otros escribieron también sobre película:

“Bajo la piel del lobo: la realidad de la obstinación” publicado en El País

“Crítica de Bajo la piel del lobo: individuo y civilización” publicado en El Periódico

Y tú, ¿has visto esta película?