El tercer día en Berlín nos alejamos un poco del centro y pasamos la mañana en Spandau con la intención de visitar su ciudadela.

(Antes pasamos un par de horas en el AquaDom & Sea Life, una concesión infantil, la verdad es que si habéis estado en algún otro acuario, y nosotros hemos estado en el Oceanográfico, es una visita bastante prescindible, pero a las niñas les gustó y eso es lo que importa)

A Spandau os podéis acercar en metro o en tren, la opción más rápida es el tren, desde el centro a Spandau más o menos unos 20 minutos. Berlín posee numerosos y bellos pueblos a su alrededor pero puede que Spandau sea uno de los preferidos por los belineses. Desde la estación de tren os podéis acercar a la ciudadela en bus o caminando. Entrar a la ciudadela nos salió por 10 euros los cuatro, precio familiar, más barato que con el descuento de la Berlin Welcome Card. La actual ciudadela alberga en su interior un conjunto de equipamientos culturales y en ella se celebran conciertos en época estival. Tuvo su importancia en la edad media y luego fue reconstruida en el siglo XVI, la edificación más importante es la almenara que proporciona impresionantes vistas y a la que se accede después de salvar una empinada escalera.

Almenara, acceso a la almenara y vistas.

Después de la visita a la ciudadela y caminando poco más de 10 minutos ya estamos en Aldstadt Spandau, la ciudad vieja. Un conjunto de calles empedradas llenas de comercios y locales de restauración y con la iglesia gótica Nikolaikirche sobresaliendo entre los edificios. Damos una vuelta por Spandau y comemos antes de regresar al centro de Berlín haciendo parada en el barrio de Charlottembourg para visitar el exterior y los jardines de Schloss Charlottemburg.

La iglesia de Nikolaikirche en Spandau y sus animadas calles.

El Schloss Charlottemburg es un palacio prusiano que se construyó por un periodo de más de 100 años, fue el lugar de retiro veraniego de la reina Sophie Charlotte. De estilo rococó esta rodeado de jardines y muy cerca del centro de Berlín. No entramos en el palacio pero sí que atravesamos sus jardines que discurren a todo lo largo del río Spree, en la actualidad son un parque público con una parte de estilo francés, otra de estilo inglés, un lago donde las niñas se entretuvieron dando de comer a patos y cisnes, un belvedere que alberga un museo dedicado a la porcelana y un mausoleo que se construyo para la reina Luisa, nosotros el mausoleo no lo vimos.

Atravesamos el jardín y dejamos atrás el palacio para coger el tren que en un par de paradas nos deja en la estación de Hauptbahnhof, la más moderna de Berlín y a pocos minutos del parlamento alemán nuestra última parada de la jornada, hemos reservado hora para subir a la cúpula del parlamente diseñada por Norman Foster y que se puede visitar gratuitamente con reserva previa vía Internet.

Es una visita que merece muchísimo la pena, aprovechad y coger la audioguía gratuita antes de entrar en la cúpula, nuestra hija pequeña se lo pasó teta escuchando las explicaciones mientras subía hasta arriba de la cúpula. Desde aquí hay una vista aérea de 360 grados sobre Berlín pero no es demasiado atractiva, almenos la zona más cercana al edificio, puede que otras vistas aéreas como por ejemplo la que proporciona la catedral sobre el barrio de Nikolai tenga algo más de atractivo pero a nosotros las vistas desde la cúpula no nos sedujeron, aún así es una visita ineludible.

Nuestro cuarto día en Berlin lo empezamos dirigiéndonos al Museo Alemán de la Tecnología, hemos leído que es un museo muy interesante y que los niños lo encuentran muy entretenido. La verdad, no decepciona. La parte de historia del ferrocarril es espectacular con un montón de máquinas locomotoras y vagones dispuestos por orden de antigüedad. Hay pasillos dispuestos a lo largo de las maquinas y también escaleras que permiten mirar por dentro de las ventanas, la verdad es que impacta poder ver tan cerca máquinas tan grandes. Algunas de ellas se ponen en funcionamiento a horas determinadas.

También es interesante la parte dedicada a la fotografía y al cine y además es muy interactiva y la mayoría de los aparatos expuestos se pueden tocar para ver como funcionan.

Pero si el tema de los tremes ya nos ha parecido brutal, la zona dedicada a los barcos y especialmente a los aviones es impresionante, con gran cantidad de aparatos expuestos además de elementos relacionados como mobiliario o indumentaria de aquellos de lo pilotaban. Sin darnos cuenta pasamos la mañana entera dentro del museo y se nos hace la hora de comer así que comemos en un pequeño café junto al museo.

Regresamos al centro caminando por el extremos oeste del barrio de Kreuzberg y antes de emplear el resto de la tarde haciendo compras de souvenirs nos acercamos a la calle Karl Marx Alle en la zona comprendida entre Strausberger Platz y la puerta de Frankfurter Tor. En esta zona se puede admirar un conjunto de viviendas estilo socialista, fue la calle más conocida de la RDA, la verdad es que los edificios son austeros pero imponentes y fueron concebidos como “palacios para obreros” aunque claro no podemos comprobar como son los interiores.

Viviendas estilo socialista en Karl Marx Alle.

Volvemos al hotel a pie caminando por el barrio de Mitte.

Nuestro viaje se acerca a su fin pero aún nos queda una mañana que aprovechamos para conocer un poco más el barrio de Prenzlauer Berg que se extiende al norte del Hostel en el que nos hemos alojado estos días.

Lo primero que hacemos en nuestro último día es acercarnos a una sección del muro llamada Gedenkstätte Berliner Mauer en la calle Bernauer en una zona del muro que se ha mantenido tal y como estaba y que homenajea a los que murieron. Existen una serie de paneles con información y con vídeos sobre la historia del muro además de una exposición gratuita dentro de un edificio y también elementos colocados en la calle para indicar por donde iba el muro y la zona de seguridad.

Caminamos por este barrio residencial siguiendo un itinerario que nos han proporcionado en el hostel, es un barrio muy tranquilo y apenas hay turistas, las calles son anchas y salpicadas de pequeños locales de hostelería y comercios de barrio además de zonas verdes y algún edificio religioso, el ambiente se va animando a medida que caminamos hacia el sur por la calle Wenbergsweg y una vez pasado el parque Rosengarten el barrio se convierte en un hormiguero.

Y hasta aquí nuestro viaje a Berlín, han sido casi cinco días intensos en los que al ir con niños hemos tenido que seleccionar, no vamos con la sensación de llevarnos una buena impresión pero con la certeza que quedaron muchas cosas por hacer.

Algunos datos prácticos:

Aprovechad siempre que podáis para ir al baño, muchos de ellos son de pago. Si para acceder tenéis que pagar hacedlo de uno detrás de otro ya con un acceso suele salir un descuento para un segundo acceso.

El alemán prima sobre el inglés, la mayoría de explicaciones en los lugares que nos hablan de la historia de la ciudad están en alemán y, a veces, en inglés.

El agua embotellada en los restaurantes es muy cara.

Los supermercados son muy completos, los precios no difieren demasiado de los nuestros y podéis encontrar ingredientes para montaros vuestra propia ensalada o comprar comida oriental recién hecha.

Consultad en Google para los trayectos en transporte público hay múltiples formas de llegar a un mismo destino y puede variar bastante en distancia y tiempo.

Las vistas aéreas de Berlín no siempre son atractivas probad antes a subir a algún sitio gratis antes de pagar en algún otro.

En el centro los peatones tienen prioridad respecto a los coches en el caso de que se cruce por donde no hay ni semáforo ni paso de peatones.

Si os interesa la 2a Guerra Mundial y la Guerra Fría hay museos gratuitos y públicos muy interesantes, informaos.

Webs que hemos consultado para organizar el viaje:

Disfruta Berlín

Turismo en Berlín

Visit Berlín

Quaderns de Bitàcora