Se acabó el descanso de Semana Santa y ya hemos vuelto a la rutina. Pero durante los días de fiesta hemos hecho una escapada a Suiza aprovechando que unos familiares han tenido que trasladarse allí por motivos de trabajo. Ya sabéis la crisis.

Por poner un calificativo a lo que hemos visto de Suiza podría decir que Suiza es un país de postal. Paisajes espectaculares, verdes prados bañados por el amarillo de las flores en plena explosión primaveral, montañas aún con algunos restos de nieve, pequeñas poblaciones que salpican el paisaje con una arquitectura de cuento  incluyendo castillo, lagos espectaculares y ciudades bastante cuidadas.

No es que hayamos hecho mucho turismo ya que con niños uno no se puede marcar demasiados objetivos que luego pueden frustrarse pero no puedo quejarme.

Estábamos alojados con nuestra familia en Grandcour, una pequeña localidad cercana a Payerne que se localiza a medio camino entre Lausanne y Berna, en el cantón de Vaud.

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Desde allí visitamos Fribourg un día y Berna otro. Solo disponíamos de dos días enteros ya que el primer día nos relajamos por los alrededores de Grandcour y el último día, debido a un imprevisto con el coche, tuvimos que salir algo más temprano hacia el aeropuerto.

Fribourg es una pequeña ciudad a dos niveles, con un pequeño paseo el visitante puede ver la parte mas elevada, dar un paseo por sus calles empedradas, ver la catedral y acercarse hasta el puente desde el cual por unas escaleras se accede a nivel del pueblo que se sitúa a la orilla del río que se salva por un encantador puente de madera. Para volver a subir a la parte elevada de la ciudad uno puede hacerlo a través de unos escalones o salvando el desnivel con un funicular. De camino al funicular uno puede disfrutar de las vistas de la ciudad cada vez que se atraviesa alguno de los puentes de piedra que la ciudad tiene para salvar el río que la riega.

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Bern es la capital de Suiza. La parte vieja de la ciudad se extiende en un meandro del río y las calles dentro de el en forma de cuadricula. Si en Fribourg la visita discurrió bastante tranquila y no se veían demasiados turistas Bern, en la parte alemana del país, es mucho más bulliciosa. Lo más remarcable quizá sea el reloj astronómico y la catedral y lo más curioso el parque de los osos situado en el extremo del meandro al final de la calle principal, hasta allí llegamos dando un paseo por la parte derecha del río lo que nos proporcionó una vista encantadora de toda la ciudad.

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El resto del país que pudimos ver desde el coche y el tren nos regalo una postal idílica.

Respecto a otros aspectos comentar que a la hora de visitar Suiza se ha de tener muy en cuenta el tema del transporte. Uno ha de valorar muy bien si va a viajar en transporte público o le sale más a cuenta el alquiler de vehículo ya que el tren es extremadamente caro y con eso me refiero que un trayecto en cercanías o regional va a precio de lo que nosotros pagamos por el AVE, eso sí los trenes son muy buenos en lo que a funcionamiento y comodidades se refiere. Y no solo el transporte es caro, hay que ir con el bolsillo preparado.

Como veis tampoco es que le hayamos sacado mucho rendimiento a los días pero entre que cuando uno viaja con niños tampoco puede marcarse objetivos muy ambiciosos, que se estropeó el coche que nos hacía de lanzadera a la estación de tren y tuvimos que tirar de taxi y que el tiempo no ha sido todo lo bueno que esperábamos pues ya estoy contenta con este aperitivo.

No se cuanto tiempo estará la familia en Suiza pero si la crisis no lo permite ellos igual tardan un tiempo en volver a casa, así que quien sabe igual no es la última vez que pisamos tierras helvéticas.