Cuando empecé a oír hablar de El cuento de la criada no tenía ni idea de que iba la historia. La calificaron como la serie más importante del año y sus protagonistas femeninas empezaron a recibir premios así que empecé a interesarme.

El cuento de la criada se desarrolla en una sociedad actual que ha sufrido un cambio político abrupto. En ella la religión ha adquirido una gran importancia y las mujeres fértiles, que escasean debido a causas ambientales, se han convertido en una mercancía. Esta sociedad se localiza en el ficticio Gilead, que no es otro lugar que EEUU. Las libertades y la censura están a la orden del día y el que no ha podido huir sobrevive como puede en un lugar donde no se puede confiar en nadie.

Lo más terrible de esta ficción es que tiene partes que se asemejan peligrosamente al mundo real y su visionado crea una intensa sensación de angustia, aquello de que la realidad siempre supera la ficción se puede aplicar perfectamente a esta serie sin miedo a equivocarnos. Temas tan a la orden del día como el maltrato a la mujer, el comercio del cuerpo humano, la persecución de la homosexualidad y la tortura no se escoden en esta historia.

Las dos bazas que ayudan a colocar a esta producción en los primeros puestos en lo que a calidad se refiere bien podrían ser las interpretaciones y la ambientación.

Sin duda se trata de un producto al servicio de las interpretaciones femeninas, todas ellas muy bien ejecutadas transmiten sensaciones como el miedo, la incerteza, la desconfianza de las criadas sometidas en un sistema que a pesar de otorgarles una función principal las despoja de todo sentimiento y se esfuerza por eliminar cualquier vinculo que puedan crear. Las mujeres se convierten en las peores enemigas de su género al participar activamente de un sistema que anula cualquier tipo de actividad que no sea la de estar al servicio de la crianza. Visionar El cuento de la criada siendo mujer deja en algunos momentos una sensación horrible.

La estética y la ambientación ayuda a ubicarnos en una sociedad muy pautada donde cada uno viste de una forma diferente según su función, trabajo o condición social, con unas estrictas y controladas formas de actuación, con incluso fórmulas preestablecidas en el lenguaje. Una luz pálida utilizando colores poco vivos nos transporta a un ambiente cargado y oscuro donde solo con rascar un poco podemos ver también como aquellos que se inventan las normas por las que se rigen las sociedades son los primeros que se las saltan a la torera.

No he leído el libro en el que se basa, que Margaret Atwood escribió en 1985, pero parece que los 10 capítulos que conforman la primera temporada agotan con toda la trama descrita en la novela. La segunda temporada tendrá, pues, que nutrirse de la imaginación de los artífices de la serie.

Si te interesa esta serie puede que encuentres más información en los siguientes artículos.

The Handmade’s Tale no es una distopía, es en realidad nuestro pasado y presente publicado en Fotogramas.

¿De que va El cuento de la criada? Claves para entender y disfrutar de la vencedora de los Emmy publicado en Haffingtonpost

¿La habéis visto? ¿Queréis compartir con nosotros vuestras sensaciones? Siempre son bien recibidas.