Hace ya un mes que volví a París. La primera vez fue en septiembre del 2000 y estuvimos una semana. Esta vez fue un viaje relámpago, un fin de semana en París, fue el regalo de mi último cumpleaños. La verdad es que París merece una visita, casi es obligatorio para todo aquel al que le guste viajar, hacerlo por primera vez te descubre una ciudad monumental y encantadora pero hacerlo por segunda vez sin las prisas de querer ver todo aquello que se desconoce es un placer diferente. Hemos estado dos veces pero no por ello hemos agotado todas las posibilidades de esta ciudad.

En esta segunda vez hemos revisitado muchos sitios que ya conocíamos y también hemos hecho alguna cosa que no hicimos la primera vez. Pero ha sido un fin de semana estupendo y también especial porque hacía como cinco años que no hacíamos un viaje en pareja

París tiene rincones espectaculares y merece una visita reposada para poder disfrutarlos como se merecen. Tanto visitar sus monumentos más emblemáticos como perderse por las calles sin rumbo fijo una visita a París se convierte en una gran experiencia. Monumentos y historia se reúnen en un montón de lugares que transportan al viajero a diferentes épocas de la historia de la humanidad.

Y os voy a recomendar que si visitáis París por primera vez no os perdáis las vistas que se aprecian desde las torres de Notre Dame, merecen mucho la pena, y aunque la mayoría de gente sube antes a la Torre Eiffel por lo que representa yo he de decir que disfrute mucho más compartiendo vistas con las gárgolas de Notre Dame.

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