A punto de consumir el primer mes del año 2017 de nuestra era o de después de Cristo. Es un decir claro, porque si estuviéramos en China iríamos por el año 4700 y pico, si nos rigiésemos por el calendario islámico  apenas estaríamos en el 1400 y pico y si fuésemos hebreos estaríamos más allá del 5700. Así que lo de 2017 es según se mire.

Pero la historia de la humanidad se remonta a millones de años antes. Millones de años que han dado para que el hombre, es decir la especie humana, haya evolucionado enormemente. Dejó de ser un mono para ser un homínido, descubrió el fuego, la rueda, dejó atrás la época feudal para vivir la revolución industrial, empezó a experimentar con la energía, creó el teléfono, empezó a curar enfermedades a protegernos de algunas de ellas incluso a hacerlas desaparecer, empezó a jugar con las comunicaciones y llegó muy lejos y seguimos para adelante. Nuestra mente discurre sin parar y es capaz de generar conocimiento y avanzar tecnológicamente a pasos agigantados. Incluso llegamos a la luna a pesar de que allí no se nos había perdido nada.

Pero si me paro a pensar y hago balance de como le ha ido al mundo y a la especie el pasado años no tengo más remedio que echarme las manos a la cabeza porque nuestra inteligencia nos ha hecho crecer y ser dominantes en muchos aspectos pero nos seguimos pareciendo a los hombres de las cavernas en muchos otros.

En el año que hemos visto acabar hemos sentado en el banquillo de los acusados a un buen puñado de banqueros y políticos corruptos, algunos de ellos no han podido soportar la presión y se han quedado por el camino. Las grandes empresas generadoras de grandes cantidades de dinero son aquellas que tienen las herramientas suficientes para legalmente no aportar gran cosa al sustento del país. Y la clase media-baja, cada vez más ahogada por las políticas fiscales, es la encargada de mantener un sistema que hace aguas. Y la crisis que se resiste a marchar ha perjudicado mucho más a aquellos que menos tienen. Y solo estoy haciendo un análisis para dummies y fijándome solo en el país en que vivo.

Recuerdo cuando estudiaba la edad media y me explicaban que el señor del castillo feudal, generalmente el que mejor vivía, rodeado de un montón de chupasangres conspiradores, recaudaba impuestos al pueblo llano que malvivía de la ganadería y de la agricultura en una época donde los que mejor se lo montaban y menos presiones tenían eran los comerciantes y no me parece que haya demasiada diferencia con la sociedad actual. El dinero sigue siendo quien rige el mundo. Maldito parné que decía aquella.

El año que hemos visto acabar ha sido sin duda el año de la guerra de Siria y de la crisis de los refugiados. Pero la lista de conflictos armados actuales es larga.Y si echamos la vista atrás hay pocos periodos de la historia de la humanidad que no hayan estado salpicados por las luchas entre las personas. Las razones, variadas. Que si en tu territorio hay un yacimiento de energía que yo quiero, que si tu me has usurpado parte de mi territorio, que si tu piensas diferente que yo, que si mi dios no es el mismo que el tuyo, que si hago esto en nombre de la religión, que si no eres de mi tribu, que si me has matado una vaca, que si aún no se ha inventado el lenguaje y para que me entiendas te doy un mamporro, unga, unga.

Hemos pasado del mamporro a los atentados y en la base la misma razón de siempre: la falta de entendimiento, las pocas ganas de dialogar, de bajarse de la burra, de ceder, del hoy por mi mañana por ti. Sigue primando la ley de la selva solo que hemos ido evolucionando o involucionando hacia métodos más perfectos para hacer el mal.

Siempre he creído a pies juntillas que el que dijo por primera vez la frase del vive y deja vivir era un sabio. Que el respeto y la tolerancia nos hace más libres, que el fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando. Que el más cazurro es el que no ve más allá de sus narices y que si desarrolláramos la capacidad de ponernos en el lugar del otro, eso que tanto escasea y que se llama empatía, todo nos iría mejor.

Así que me voy a marcar un solo objetivo para este año que acaba de empezar: dejar de involucionar. Soy insignificante pero por algo se empieza.