A finales del pasado mes de abril se estreno en Netflix la primera temporada de Las chicas del cable. La primera serie española de la plataforma se anunció a bombo y platillo con una campaña publicitaria sin parangón y despertó grandes expectativas.

Protagonizada por un puñado de actores jóvenes de gran tirón, conocidos de la gran audiencia por haber trabajado en series que han cosechado buenos resultados, recoge el testigo de series como Velvet o Gran Hotel, para atrapar por un lado a la masa juvenil seguidora de los actores y actrices y por otro al público más adulto consumidor de las series de época.

La trama se centra en la vida de un grupo de mujeres jóvenes en los años 20 que luchan por su independencia y por conseguir sus sueños en un mundo de hombres y encorsetado en una sociedad dominada por la tradición. Una chica que huye de la justicia, otra cuyo marido la maltrata y engaña con una compañera de trabajo, una rebelde atrapada en una familia bien, una lesbiana y una recién llegada del pueblo en la que se centran todas las tramas cómicas de este melodrama romántico.

A pesar de partir de una base interesante y de contar también con secundarios de lujo como Kity Manver o Concha Velasco, el argumento queda algo cojo. Durante 8 episodios se van hilvanando las historias individuales de cada uno de los personajes que en algunos momentos confluyen en tramas conjuntas pero sin acabar de construir un argumento demasiado interesante. Los personajes caen en los tópicos de desarrollar tramas demasiado previsibles y poco novedosas.

Con la imposibilidad de poderse apoyar en un guión y un argumento las actuaciones tienden a ser algo flojas y superficiales y los personajes son planos y estan poco trabajados.

Aún así me gustaría resaltar los decorados y el diseño de vestuario, ambientado en los años 20 los estilismos están realmente muy conseguidos.

A pesar de ello Netflix ha anunciado el estreno de la 2a temporada para diciembre y la renovación para una 3a temporada.