Hace unos cuantos días que vimos el último episodio de la temporada 7 de Juego de Tronos. La temporada 8 que se espera para principios del 2019 será la que cierre esta serie y con solo mantener el nivel de estos últimos 7 episodios vaticino que volveré a estar enganchada a esta historia fantástica que fue capaz de sorprender desde el primer episodio.

Empecé a leerme los libros que me recomendaron con mucho empeño un par de compañeras de trabajo y he de confesar que los empecé dos veces y nunca pude pasar de la página 100. Todo el mundo me decía, llegarás a un acontecimiento, el que coincide con el final del primer episodio de la primera temporada, y no podrás dejar de leer. Pero no lo conseguí, no conseguí engancharme para nada, la lectura me resultó demasiado densa además del formato de impresión, casi sin espacios en blanco y con páginas super saturadas. No le di más oportunidades a loa libros.

Pero la serie, fue otra cosa. La primera temporada me atrapó en el mismo momento que me quedé con los ojos como platos al ver el poco respeto que el autor (al principio era más fiel a los libros) profesaba por alguno de los personajes que yo consideraba principales. Y a partir de entonces, las luchas por el poder y las intrigas de esta historia no dieron tregua, era una detrás de otra y todas impactantes. Y si a esta historia de reyes que aspiran al mismo trono, sumamos la magia, lo sobrenatural, los seres fantásticos, los pueblos bárbaros, los diferentes escenarios donde se sitúan los siete reinos, los matrimonios de conveniencia y los líos familiares, las venganzas, la guardia de la noche y el muro que les separa de un ejercito de zombis, todo ello a la espera de un invierno que se acerca y no se sabe cuanto durará, de resultas tenemos un producto fantástico (y de fantasía) de puro entretenimiento.

Los Stark en una imagen promocional de la temporada 7

Y como no puede ser de otra forma sin escatimar en efectos de todo tipo, no solo los estrictamente cinematográficos para dar grandilocuencia, sino también aquellos que van directos a las emociones. Y es que si la serie esta repleta de batallas por tierra, mar y aire, de gigantes y dragones, de explosiones, de ejecuciones inesperadas sin escatimar en desmembramientos y desangramientos, para nada se queda lejos de mostrarnos las más bajas pasiones humanas, sexo (en disminución a medida que iban avanzando las temporadas), maldad en estado puro, crueldad, ensañamiento, venganza, traiciones y todas aquellas emociones negativas que os podáis imaginar y vale, puede que haya habido alguna escena romántica, pero sinceramente, que desproporción!

Y por último no querría dejar de mencionar la ambientación. Rodada en espacios naturales, ciudades, y edificios espectaculares, por diversos países de Europa, entre ellos España, ha conseguido que uno se mueva buscando localizaciones lo que supone una muy buena promoción turística para dichos lugares. Yo ya he estado en Dorne, Braavos y el hogar de los Tarly.

El Alzazar de Sevilla, las calles de Girona y el castillo de Santa Florentina o Dorne, Braavos y el hogar de los Tarly.

Todo ello ha conformado una historia de intensidad inigualable y con una séptima temporada donde cada uno de sus siete capítulos han sido brutales. Y sí, estoy de acuerdo, puede que haya alguna que otra frase en el guión que no acabe de cuadrar o que las distancias y los tiempos no sean del todo creíbles, pero voy a dejar a un lado todo eso para centrarme en la sensación general que me ha producido el visionado de estos últimos capítulos y no puedo decir otra cosa: me lo he pasado en grande.

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