Buscando en Google un restaurante que nos cogiese de camino al Cabo de Gata, encontramos este local. No había que desviarse mucho del trayecto, ya que quedaba cerca de la salida de la autovía y tenía buenas opiniones.

Llamamos para reservar, éramos un grupo grande, era un domingo de mediados de agosto pero no tuvimos problemas.

Cuando llegamos nos dimos cuenta que era uno de esos restaurantes adyacentes a una gasolinera. Llevados por los prejuicios desconfiamos un poco del tipo de comida que podíamos encontrar pero a la vez vimos que había bastante gente en la puerta y que la imagen del local difería de la típica estética de bar de gasolinera.

El local tiene una pequeña terraza en el exterior, estaba vacía, normal ya que el calor en la zona en las horas centrales del día es abrasador. En el interior hay dos espacios, un bar con barra y unas pocas mesas y un comedor algo más amplio, no enorme, pero que así por encima podía haber unao 50-60 comensales.

Aunque habíamos hecho una reserva esperamos a la entrada del comedor a que nos atendieran. En ese momento ocurrió algo que me hizo desconfiar del servicio. Apareció una familia, pareja, más señora mayor y no recuerdo muy bien si había un niño. El caso es que el “señor” pasó por delante nuestro, entró en el comedor y fue directo al que parecía el propietario o gerente del local que los ubicó rápidamente en una mesa a pesar de que nosotros estábamos esperando desde hacía unos minutos. Me pareció un trato de favor por parte del propietario y una falta de respeto y educación por parte del cliente. Me puse un poco de uñas, la verdad.

A los pocos minutos nos atendieron a nosotros y nos ubicaron en una mesa larga lo suficientemente grande para que cupiesemos todos sin estrecheces, a pesar de que es uno de esos locales que aprovechan al máximo el espacio. Nos empezó a atender una de las camareras que fue muy amable en todo momento y muy simpática con los niños, así que a pesar de ver una actitud poco atenta por parte del propietario, he de decir que el servicio fue muy correcto y cordial.

Pero lo mejor de todo, y toda una sorpresa, fue la comida.

Para empezar el menú es abundante e incluye entrantes, primeros y segundos, y con una variedad considerable para escoger entre primeros y segundos incluyendo carnes y pescados. En el Facebook del restaurante suelen publicar el menú.

Y no os vayáis a creer que cuando digo entrantes son algunos platitos testimoniales tipo tapa, nada de eso, las raciones eran generosas y la verdad es que nos sorprendió cuando llegaron a la mesa.

Entre los primeros platos hay de más contundentes y también más ligeros y veraniegos, la gastronomía de la zona estaba bien representada. Yo no me pude resistir al gazpacho que era casero, estaba muy rico y fresquito. Y entre primero y segundo un sorbete de limón super fresco.

Y para los segundos había pescados y carne para aburrir. Y las raciones eran muy generosas. El bacalao buenísimo y lo mejor había cazón en adobo en el menú. Como nos gusta el cazón en adobo.

Y no os digo nada de las raciones de los niños, que casi siempre comen un solo plato, la hamburguesa como el mapa de España de grande.

Y para postres ya podéis ver en el menú, si esperábais un flan o un yogur pues nada de eso. Todo igual de rico. La verdad es que salimos de allí a reventar y sin sorpresas en el precio. Un menú de fin de semana bien completo y con una relación calidad-precio inmejorable. La verdad es que tengo a El Pinche bien localizado y sin duda volveremos la próxima vez que estemos en la zona.

No tengáis reparos a la hora de parar en este restaurante de carretera, que este al lado de una gasolinera quizá le pueda quitar categoría, pero no tiene que envidiar nada a otros restaurantes, he comido peor en calles céntricas de algunas ciudades de España.

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